Mi profesión es compartir lo musical, y
este acto, al igual que lo musical está lleno de matices. Gran parte de mi tiempo
estoy dentro del aula, sala de ensayos, estudio ó en lugares en los que
naturalmente se aprende a pensar musicalmente. Otra parte del tiempo comparto
lo musical desde escenarios de todo tipo: grandes, pequeños, modestos,
suntuosos, con personas muy humildes, con gente que observa y escucha
principalmente una presentación o un
concierto. Aunque me apasiona lo que hago como profesional en música, la
educación me atrae profundamente por lo
que intento a diario que el conocimiento sea transmitido de manera diáfana,
aplicable, entendible y principalmente que pueda utilizarse de manera frecuente.
Creo que al margen que un estudiante sea o no músico, el aprendizaje del
lenguaje sonoro moviliza sus capacidades cognitivas y permite que tengan una
visión de múltiples perspectivas sobre un tema dado.
Es entonces cuando considero importante aprender
sobre el acto de educar, las estrategias pedagógicas y por supuesto, las tecnologías que nos
permitan optimizar el acceso al conocimiento y la manera de transmitirlo.